El estrés y sus afectaciones en el sueño

hombre estresado

Diversos estudios apuntan a que el estrés es uno de los principales factores para no tener un buen sueño.

Si bien, tener un buen colchón individual, una almohada confortable o sábanas suaves son un buen comienzo para estresarnos, no siempre es suficiente.

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La relación entre el estrés y el insomnio

Está muy claro que cuando estamos estresados nos cuesta dormir.

Una gran proporción de ustedes habrá experimentado alteraciones del sueño, por ejemplo, antes de los exámenes; incluso los que duermen mejor ocasionalmente sufren de insomnio y noches aparentemente interminables antes de grandes eventos.

Los vínculos innegables entre el estrés y el sueño también se han destacado en estudios de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, donde las dificultades para dormir se encuentran entre los síntomas del trastorno de ansiedad por estrés postraumático.

Por supuesto, el estrés y el sueño también están relacionados en los niños:

  • Los factores estresantes relevantes documentados en investigaciones anteriores incluyen separaciones de figuras clave así como eventos más raros, como habitar zonas de guerra

Si bien está claro que los eventos estresantes y la falta de sueño pueden ocurrir al mismo tiempo, lo que está menos claro es si el estrés experimentado en una etapa temprana de la vida está relacionado con dificultades para dormir más adelante.

Aquí nos referimos a estudios que examinan este tema y proporcionamos ejemplos de mecanismos que podrían subrayar estas asociaciones.

El estrés infantil y sus afectaciones en el sueño

La investigación que ha examinado las asociaciones longitudinales entre el sueño y el estrés sugiere que las asociaciones podrían abarcar períodos de desarrollo.

Observamos si los niños que crecían en familias para las que se habían informado altos niveles de conflicto (cuando los niños tenían entre 7 y 15 años) tenían más probabilidades de tener insomnio como adultos jóvenes (18 años).

Curiosamente, encontramos una clara relación dosis-respuesta:

cuanto mayor era el número de evaluaciones en las que una familia puntuaba en el 25 por ciento superior de conflicto, más probabilidades había de que el participante sufriera insomnio a los 18 años.

Es de destacar que esta asociación se encontró incluso cuando controlamos los problemas de sueño en la infancia.

También encontramos que la relación se mantuvo cuando controlamos la depresión a los 18 años.

Otros factores que pueden detonar los problemas de sueño

Utilizando datos de un estudio prospectivo adicional, los investigadores compararon el sueño de los adolescentes que habían sido abusados ​​sexualmente y que no durante la infancia.

Aquellos que habían sido abusados ​​sexualmente tenían más probabilidades que los demás de reportar mayores alteraciones del sueño en la adolescencia.

Si bien los estudios prospectivos antes mencionados midieron el sueño subjetivamente, también hay apoyo para los vínculos longitudinales entre el estrés y el sueño medidos objetivamente.

La comprensión de los vínculos longitudinales entre el estrés y el sueño también proviene de otras líneas de investigación muy diferentes.

Además, fue interesante observar que el perfil del sueño experimentado por las ratas que sufren estrés prenatal compartía similitudes con el de los pacientes deprimidos.

A pesar de dicha investigación, en general hay una escasez de investigaciones que investiguen los vínculos entre el estrés y los problemas del sueño durante períodos prolongados.

No obstante, es posible especular sobre los mecanismos que podrían subyacer a las asociaciones entre el estrés y el insomnio.

Los detonantes del estrés

Es probable que existan múltiples vías por las que el estrés y las dificultades para dormir estén vinculadas, y aquí se proponen solo algunos ejemplos.

Una posibilidad es que los niños que experimentan altos niveles de estrés tienen menos probabilidades que otros de crecer en familias que ayudan a los niños a establecer buenos patrones de sueño.

Otra explicación para el vínculo entre el estrés y el sueño es que es posible que los sentimientos de inseguridad puedan seguir a ciertos eventos estresantes de la vida y conducir a una hipervigilancia.

El estrés se asocia con niveles más altos de hormona liberadora de corticotropina, que puede tener reacciones inmunogénicas.

Centrándonos en la neurobiología y tomando prestadas ideas de la literatura sobre el TEPT, sabemos que el condicionamiento del miedo está asociado con la hiperactividad de la amígdala y la actividad de la corteza prefrontal medial embotada.

Formas de reducir el estrés

Como ya se expuso, existen múltiples factores que detonan el estrés, desde un mal ambiente, problemas en la vida diaria y otros.

Pero lo que se sabe hasta ahora es que reducir estos factores trae tranquilidad y descansos profundos para las personas que sufren de esto.

De esta forma se puede ir con un doctor que pueda darnos ejercicios de relajación, consejos de alimentación y demás.